La tradición minera del valle
de Canfranc viene de antiguo: ya en el siglo XVI se buscaba plata en el Puey de
la Mena, cerca del Hospital de Santa Cristina. Y en 1720 se concedió licencia a
Luis Perrot para beneficiar una mina de cobre en término de Canfranc.
Es muy posible
que esa mina fuese la que se explotaba a fines del siglo XVIII en la Canal
Roya, de cobre y hierro, cuyo mineral se trabajaba en la denominada “Casa de la
Mina de Hierro” en la partida del Anglasé, donde se levantó un complejo de
edificios que incluía vivienda y “fundería” (forja o fundición del mineral).
Consta que en 1835
era dueño del establecimiento el empresario Antonio María del Valle, Alejandro
Gil el encargado y Ramón Royo uno de los empleados. Poco después Matías del
Cacho adquiría el establecimiento del Anglasé, construyendo allí una “ferrería
a la catalana”.
En uno de los edificios tenía Juan de Inda en 1845 una fábrica de peines, navajas y botones donde trabajaban una treintena de operarios.
Debido a la cercanía del Camino Real de Francia se llegó a establecer también una venta, de modo que a mediados del XIX el Anglasé ofrecía la imagen de una pequeña aldea, repleta de actividad, en la que destacaría la alta chimenea de su fundería.
Durante la última guerra carlista (1869-76) se habilitó un cuartel en uno de los edificios, que fue incendiado en un golpe de mano.
Con el tiempo, abandonada la actividad minera e industrial, se transformó la casa alta en borda ganadera, cuyo edificio todavía subsiste.
La chimenea del Anglasé, superviviente del conjunto industrial, es una sólida construcción de piedra, reforzada con sillares en su base y esquineras, que constituye uno de los escasos ejemplos de arquitectura minera antigua en la provincia de Huesca.
En uno de los edificios tenía Juan de Inda en 1845 una fábrica de peines, navajas y botones donde trabajaban una treintena de operarios.
Debido a la cercanía del Camino Real de Francia se llegó a establecer también una venta, de modo que a mediados del XIX el Anglasé ofrecía la imagen de una pequeña aldea, repleta de actividad, en la que destacaría la alta chimenea de su fundería.
Durante la última guerra carlista (1869-76) se habilitó un cuartel en uno de los edificios, que fue incendiado en un golpe de mano.
Con el tiempo, abandonada la actividad minera e industrial, se transformó la casa alta en borda ganadera, cuyo edificio todavía subsiste.
La chimenea del Anglasé, superviviente del conjunto industrial, es una sólida construcción de piedra, reforzada con sillares en su base y esquineras, que constituye uno de los escasos ejemplos de arquitectura minera antigua en la provincia de Huesca.

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